Crecí en Sinaloa, en el norte de México, donde terminan los campos de tomate y empieza el desierto. De donde vengo, lo absurdo y lo maldito conviven con lo bello. En 2022 empecé a trabajar con herramientas generativas, y el algoritmo hizo conmigo lo que la ciudad ha hecho con la gente del campo: me llevó a un lugar sin puntos de referencia.
Esta película trata del cruce. Un joven vaquero deja la tierra al anochecer. Pasa junto a torres cromadas, una mesa de figuras vestidas de blanco, un caballo al lado de un carrito de supermercado, un letrero rojo de motel. La ciudad a la que llega ya no es de piedra: pasillos que no terminan, un desierto blanco. Termina con el caballo en agua quieta y un hombre caminando hacia la luz.
Cada fotograma fue generado a partir de instrucciones escritas; después, las imágenes se secuenciaron, se corrigió su color y se montaron en una pieza de 73 segundos. El desierto de esta película no es un lugar. Es lo que sentí. Más espacio del que sabía que existía. Una lista más corta de lo que importa.